Métele cabeza y bájale a la emoción (Un artículo sobre Inteligencia Emocional)

Métele cabeza y bájale a la emoción (Un artículo sobre Inteligencia Emocional)
11 Marzo, 2017 LID

Quisiera sugerir ampliamente el libro Educación Emocional en 20 lecciones, del psiquiatra mexicano Efraín Bartolomé, el cual aborda temas relacionados con Inteligencia Emocional de manera práctica y accesible. A continuación, haré uso de las ideas que llamaron mi atención de las primeras 3 lecciones y las complementaré con otro texto llamado Educar con Inteligencia Emocional, de varios autores. (citas completas al final del artículo)
La primer idea que llama mi atención es que la conducta humana puede ser observada desde 4 diferentes ángulos:

  • Las acciones
  • Los sentidos
  • Las actividades mentales: subdivididas en dos posibilidades:
  • Los pensamientos: formados a través de palabras
  • La imaginación: formados a través de imágenes
  • Las emociones

Gracias a las Actividades Mentales el ser humano ha podido superar a los animales, ya que con ellas ha podido desarrollar tecnologías y ha sacado provecho de ellas, sin embargo, “No vemos, en las emociones, el avance que hemos observado en todas las otras áreas […] La cultura occidental ha padecido por un largo tiempo de un prejuicio, ha creído que no es posible aplicar las actividades mentales al análisis de las emociones” (Bartolomé, 2015, p. 44-45). Justo la propuesta con esto, es ser capaz de analizar las emociones a mayor profundidad para evitar caer en arranques emocionales nocivos que afecten nuestras relaciones personales y por ende nuestros resultados.

Si la emoción es de lo más complicado de controlar, entonces con mayor razón vale la pena hacer uso de nuestra actividad mental para alcanzar un mayor desarrollo personal, por lo tanto mayor Inteligencia Emocional.
Hace tiempo había escuchado una idea similar formulada diferente: “la razón opaca a la emoción”, y se ponía el siguiente ejemplo: cuanto hay un niño ahogado en llanto y sin consuelo, al pedirle explicar con detalle qué es lo que lo está haciendo llorar, entonces es capaz de disminuir su emoción, ya que la necesidad de enfocar su atención en la formulación de su lenguaje, provoca que ésta disminuya. En otro contexto, si un adulto está peleando fuertemente con su pareja y de pronto le habla su jefe, será capaz de cambiar por completo su estado emocional por ese momento, logrando no contestarle de una manera grosera, esto gracias a que su actividad mental le hizo entender que había que controlarse.
Aunque me hizo todo el sentido el ejemplo, había una parte que me seguía complicando, me sonaba a: deja de sentir la emoción, y esa idea me parecía poco saludable. Al escucharla siendo planteada de esta otra forma, entonces el sentido que me hace es que lo ideal, sobre todo en momentos emocionales que pueden estar siendo exagerados por la carga emocional,  es meterle cabeza para poder encontrar las cuestiones insensatas que están provocando falta de claridad en la perspectiva momentánea.
Una idea que complementa el párrafo anterior, la obtuve de otro libro que me ha acompañado en este proceso de desarrollo, en él menciona que “un poco de estrés puede resultar motivante, pero un exceso de él nos impide dar lo mejor de nosotros mismos”. (Elias, Tobías y Friedlander, 2014, p. 22).
Soy de la firme creencia de que no existen emociones negativas, sino maneras negativas de expresar las emociones, por tanto, el estrés, el enojo, la tristeza y la incertidumbre, pueden ser útiles si se utilizan como brújulas para encontrar el camino pendiente que se tenga según el momento de vida, sin embargo, si nos dejamos embriagar por ellas, sin duda perderemos el piso y se convertirán en emociones provocadas, cíclicas y de poco beneficio para continuar en la búsqueda de la realización personal.
Te sugiero entonces lo siguiente ante un momento de frustración:

  • Respira con profundidad al descubrirte lleno de emociones.
  • Piensa en opciones que resuelvan el conflicto de manera práctica, busca la retroalimentación después de que baje la emoción.
  • Repítete que nada es personal y evita hacer suposiciones. Buscando con esto atenuar la emoción y con ello, responder de una manera más madura.

Recuerda que tu capacidad de tolerar la frustración es igual a tu nivel de madurez y quienes te rodean son quienes te califican (todos creemos que somos maduros, falta ver la opción de los demás). Pregúntale a personas cercanas a ti sobre tu madurez y acepta sus comentarios con humildad, después ponte en acción y busca resolver situaciones como no lo has hecho antes, buscando obtener nuevos y mejores resultados en todos tus contextos de vida.
“Educación Emocional en 20 Lecciones” de Efraín Bartolomé
“Educar con Inteligencia Emocional” de Maurice Elias, Steven Tobias y Brian Friedlander

 

Por Luga Ballesteros

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